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Un estudio dio la voz de alarma y desde entonces los rellenos faciales han dejado de verse como un tratamiento inocuo.

 

«El problema muchas veces no es el producto en sí sino el mal uso que se le da. Hay doctores que inyectan material caducado, otros que pinchan con la misma aguja a más de un paciente y muchos que infiltran las sustancias en un rostro sin desmaquillar.»

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